Despierto y todo me da vueltas, no me acuerdo de la noche anterior.
Hecho un vistazo rápido a la habitación, todo está desordenado. Ropa en el suelo, cajones abiertos, vasos medio vacios. Pero… ¿qué ha pasado aquí? No lo recuerdo. De repente algo se mueve a mi lado, roza mi pierna.
Retiro la sabana para poder mirar aquel rostro, ese rostro que duerme plácidamente sobre la cama, a mi lado. Una robusta espalda queda al descubierto, desnuda completamente. Más arriba, su rostro. Es él, el que tantas veces me beso, el mismo que dijo que me amaría para siempre, el mismo que acabó con nuestro amor hace pocas semanas.
No puede ser, algo falla, no debería estar aquí, sobre la cama, a mi lado.
Pestañeo, esperando que sea un sueño, que nada de esto esté pasando, que sea una simple ilusión. Pero no, ahí sigues, respirando tranquilamente sobre la almohada. Las preguntas se apoderan de mi cabeza, ¿qué hago aquí?, ¿cómo he llegado?, ¿qué hago con él?...
Mientras intento encontrarles una respuesta, lo contemplo. Contemplo cada rincón de su cuerpo, cada lunar… Pero dejo de oír su respiración, y oigo su voz…
“Buenos días princesa”
¿Es a mí? , no puede ser. De repente sus brazos me rodean por detrás y mi respiración se acelera. Me susurra al oído dos palabras, dos palabras que me queman por dentro.
Automáticamente me libero de sus brazos; recojo mi ropa esparcida por el suelo, junto a la suya y salgo de allí temerosa y asustada. Ni siquiera puedo mirar atrás, solo puedo pensar en una cosa, en esas dos palabras que susurró en mi oído, ese
“te quiero”
aparentemente sincero que, poco a poco, segundo tras segundo, me está matando por dentro.
Pero…¿qué fue de nuestro amor?
Tú lo terminaste, acabaste con el. Ya nada queda, solo mi dolor, mi llanto, tu vacio.